Una neurona recibe señales por sus dendritas, las junta en el cuerpo celular y manda una sola hacia afuera por el axón, hasta las terminales que la entregan a la siguiente célula o a un músculo.
El axón va forrado por segmentos de mielina, una capa de grasa que hace lo mismo que el plástico de un cable. Entre un segmento y el siguiente queda un espacio descubierto: se llama nodo de Ranvier y existe también en un nervio sano. La señal salta de un nodo al otro, y por eso viaja rápido.
En la esclerosis múltiple el sistema inmune ataca ese forro por zonas. Donde la mielina se adelgaza, se rompe y desaparece, la señal se retrasa o se detiene: eso es lo que se siente como hormigueo, como una pierna que no responde o como visión borrosa. El nervio sigue ahí. Lo que se daña es el forro, y el cuerpo puede repararlo en parte.